1. El amor. En primer lugar, tal como se expone en otros artículos (1), debemos entender el amor genuino y maduro como un vínculo psicofísico entre dos o más personas, gracias al cual éstas pueden crecer y desarrollar lo mejor de sí mismas. Es decir, cualquier relación que no nos ayude a sentirnos mutuamente más sanos, adultos y libres no debería ser considerada "amorosa". Naturalmente, el amor sólo es posible sobre la base de grandes cantidades de confianza, madurez y compromiso mutuos, lo que a su vez requiere que hayamos superado mínimamente nuestronarcisismo infantil. No podemos amar si no podemos ver, respetar e incluso ocuparnos de los problemas de los demás. ¡Amar es cosa de personas mayores! El amor no es, así, un mero sentimiento, ni un deseo, ni un placer, ni una obsesión. Se trata, en definitiva, de una capacidad, un talento, un arte que depende directamente de nuestra salud y madurez psicológicas.
2. El enamoramiento. El enamoramiento no tiene nada que ver con el amor. Enamorarnos significa simplemente identificarnos y/o idealizar en extremo a alguien, que generalmente representa lo que nosotros ya somos consciente o inconscientemente, o quisiéramos ser. También es una forma de sublimar determinados sentimientos y carencias: deseo sexual, soledad afectiva, vanidad personal, etc. En otras palabras, solemos enamorarnos precisamente de las personas que representan o satisfacen nuestras cualidades y deseos ocultos, en un momento dado. El enamoramiento es, en otras palabras, ¡una expresión o proyección de nuestro propio narcisismo! Por eso, cuanto más egocéntrica, inmadura o insatisfecha es una persona, tanto más enamoradiza suele ser, y más intensos y breves suelen ser sus romances. El culto a la "pasión" de estas personas, siendo básicamente una droga para evitar las relaciones maduras y responsables y, en última instancia, una forma de escape de sus problemas neuróticos o de la vida misma, sólo demuestra su incapacidad de amar.
3. El sexo. Se trata, obviamente, de un juego extremadamente placentero y divertido. Pero el sexo, como todos sabemos, no es amor, ni produce amor, ni va ligado necesariamente a amor alguno. El sexo es un accesorio, una forma de placer narcisista que puede acompañar, o no, a cualquier forma de relación humana. Por tanto, ninguna actividad sexual, por muy apasionada que sea, no
s ilustra lo más mínimo sobre el amor real entre las personas.
Con estas breves definiciones, ya podemos comprender fácilmente que:
- El enamoramiento no es una prueba de amor, sino justamente lo inverso: una fantasía narcisista sin profundidad ni relevancia algunas.
- Sólo cuando termina el enamoramiento puede comenzar la verdadera relación amorosa, si la persona está capacitada para ello.
- El enamoramiento inicial no garantiza la calidad ni duración de la relación amorosa posterior.
- Para amar o formar pareja no es indispensable enamorarse.
- La rutina y la infidelidad no matan al amor sino al revés: cuando la relación -o la personalidad- se deterioran, entonces surgen la infidelidad o la rutina.
- La calidad y duración de la relación amorosa dependen de la afinidad/compatibilidad emocional y la salud/madurez psicológica de las personas.
Así vemos, en suma, que la mayoría de tópicos sociales sobre el amor -exaltados incansablemente por el arte, los medios de comunicación, etc.- son fundamentalmente erróneos. Reflexionar sobre ello puede ayudarnos mucho a establecer relaciones amorosas mucho más sanas y felices
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor
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