Hacer que los pasos retumben con el andar, que se pueda sentir la presencia y gritar desde los pies un firme y fuerte ¡aquí estoy! que vaya subiendo por las piernas, atravesando el derrier que luce estilizado desde la incomodísima posición en la que se encuentran los pies, y que hace que el mentón se alce con soberbia. Todo eso provoca un paso firme, hasta llegar a una ceja arqueada y retadora. Una mujer que se empodera sobre tacones.
Escucha mis pasos que ¡aquí estoy!
No hay comentarios:
Publicar un comentario