| Para, ya te amo |
Hoy, porque no quiero entristecerte,
no has de llevarme a donde quieras;en marchita cuna está meciendo a tu ajeno corazón el alma.
Bajo el tiempo enraízan los pesares viejos, cansados ya de serlo;ni con el tiempo, aunque te olvide, se desaparecen; no me dejas.
Tú sin conciencia; tú, sin pena, de esta muerte vienes a apartarme.
Llevado por la mala, canto, para contentarte, cosas míseras; sólo por venir a verte, vengo.
-Ya no sufras, corazón; a nadie le va importando lo que alumbras; fuera mejor que te apagaras, mejor que se acabara esta querencia.
Desvelado, te sueño; insomneme apasiono por soñarte sola.
Y se me cargan la premiosa verdad, y la cantina espesa, y los licores del recuerdo.
Tú me das en qué pensar. Y mientras yo pienso, puedes tú reírte.
Vas a vivir sin mí. Ya alguno te dice -y mejor- lo que te dije.
Tú, como nueva; tú, sin pena.
Y no negaré que te he querido.
En tu lección de despedidas, aprendo cuanto soy. Decrépito,
cabizbajo y sin llorar, me miro en los agujeros del zapato.
De agujeros en mi espejo ahora.
Desencordado y sin guitarra, hago segunda a tus adioses con mi desgracia. Estás conmigo.
Hablo nada más por darte el gusto de ver cumplidas mis habladas.
Al otro lado de este puente roto, de esta puerta clausurada.
Y me hago el dormido, porque quiero pensar que no vuelvo a despertarme.
Un orgullo tan sólo tengo:
no me encontrarán cuando me busquende espaldas, porque estoy de frente.
Rubén Bonifáz Nuño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario